viernes, 30 de enero de 2015

La Bella y la Bestia


Érase una vez en una tierra lejana, un joven príncipe que vivía en un hermoso castillo, aunque tenía todo lo que pudiese desear, el príncipe era malvado, egoísta, poco amable. Una noche de frío invierno, una vieja mendiga llegó al castillo y le ofreció una sola rosa a cambio de refugio contra el cruel frío. Repugnado por su aspecto andrajoso, el príncipe se burló del obsequio y echó a la anciana a la calle. Ella le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias, porque la belleza estaba en el interior. Cuando la volvió a rechazar, la fealdad de la anciana desapareció y reveló a una hermosa hechicera. El príncipe intentó disculparse pero ya era tarde porque ella había visto que en su corazón no había amor. Como castigo lo convirtió en una espantosa bestia y encantó el castillo con un poderoso hechizo y a todos los que moraban ahí. Avergonzado de su monstruoso aspecto, la Bestia se escondió dentro de su castillo, siendo un espejo mágico su único contacto con el mundo. La rosa que ella le había ofrecido era en realidad una rosa encantada que duraría hasta los 21 años del príncipe. Si llegaba a amar a una doncella y ella lo amaba también, antes de que cayera el último pétalo, se rompería el hechizo, si no, quedaría encantado y sería una bestia por toda la eternidad. Al pasar los años el cayó en la desesperación y perdió toda esperanza, porque quién podría algún día, amar a la Bestia.